miércoles, 11 de abril de 2007

Anecdotario

Las cosas acá en Europa no son tan distintas después de todo, pero son esas pequeñas sutilezas las que hacen la diferencia. Hay situaciones que me hacen decir "pucha estos europeos subdesarrollados", cuando por ejemplo, comparo los baños de los aeropuertos de Frankfurt y Barajas con el de nuestro querido Merino Benítez. Por ejemplo, en Chile nuestro paradero de aviones tiene un entretenido sistema para que el trasero no tenga conexión directa con el water; con sólo apretar un botón, sale especie de protector de papel que se pone encima de la taza y luego uno se sienta encima. Además, no hay papelero, porque el sistema de alcantarillado permite que todo se vaya tirando la cadena. Mish…

En España, en cambio, aunque los baños tienen cerámica de primera calidad, los papeleros están llenos a reventar y no hay protector de water. Lo que sí me llamó la atención es que allá todo es automático; uno pone las manos debajo de la llave y cae el agua altiro, o bien, no hace más que sentarse en el water cuando la cadena se tira sola, onda "baño a prueba de flojos". Pero el Toilette del aeropuerto de Frankfurt la cagó (literalmente), hasta el mercado de Chillán tiene mejores baños que ése, lo que ya es mucho decir. Apenas al entrar, el aroma te pega dos bofetadas, y la modernidad no le lleva ninguno de los adelantos antes mencionados, ni de Santiago ni de Madrid…extraña cosa.

La otra cuestión ultra penca era la Internet en Barajas. De partida, algo tan universal y gratuito (a mi parecer) como es la tecnología Wi-Fi, los españoles la cobraban a 5 euros la media hora (3.500 pesos chilenos), y había que pagar introduciendo en una página web el número de la tarjeta de crédito. Como yo no tengo esos medios de pago, Alvaro Reid, mi compañero de pellejerías en el aeropuerto de Madrid, puso su Visa y nos fuimos a medias. Pero cuando ya habíamos cargado 15 euros para llamar por Skype y por MSN a Chile y Alemania avisando que estábamos tirados en Barajas, consideramos que ya era suficiente gasto por un día. Al otro día (recuerden que estuvimos harto tiempo allí) descubrimos una especie de computador habilitado para navegar, pero con más pinta de cajero automático que de PC. Tenía una ranura por la cual se le metía un Euro y se navegaban 10 minutos (ohhhhh!!); pero no es tan bacán como parece. El teclado era tan duro, pero tan duro, que bautizamos esa cosa como "Rocanet", onda Internet de los Picapiedra, con rocateclas que debían ser golpeadas con cincel. Había que reescribir varias veces las palabras para que quedaran con todas las letras, y en ese escribir y reescribir, se te iban los 10 minutos y ya estabas de nuevo metiendo otro Euro más.

La cosa es que para desquitarnos, y para hacer patria en ese lejano lugar, nos mandamos un par de "maldades". Había un rocanet al cual se le quedaban atascadas las monedas, como en los teléfonos públicos de nuestro Chilito. Álvaro se dio cuenta de eso y con una pinza logró recuperar su moneda. Pero como los demás pasajeros del aeropuerto no cachaban, cada cierta cantidad de horas nos dirigíamos disimuladamente hacia los roca pc para ver si algún incauto había perdido algún euro, y así como que no quiere la cosa, mi amigo recuperaba 50 centavos, o tal vez más, si es que la pinza lo permitía y la gente no nos cachaba. Lo otro que descubrimos es que ES CIERTO EL MITO!, las monedas de 100 pesos que tienen la mona mapuche EFECTIVAMENTE sirven para hablar por teléfono y navegar en Rocanet, jajaja… Sí, dígannos de todo: que somos últimos de rascas, que gente como nosotros deja malparado a Chile en el extranjero, que por eso en España nos consideran lanzas. ¿Y qué? Su hubiesen estado tres días en Barajas habrían hecho lo mismo. Culpen a LAN.

Y la última. Nuestro sistema de Metro no tiene nada que envidiarle al metro de Madrid. Bueno, tal vez ahora sí, con lo del TranSantiago. Pero en lo demás son casi iguales. Lo único que hay un par de tallas que me pasaron y que las cuento como "el dato útil" para quienes estén pensando en venir a Europa. Cuando uno mete el boleto del Metro a la ranura, tiene que sacarlo en otra ranura que hay más adelante, porque si no, no puede pasar. Me pasó a mí, que empecé a forcejear con la rejita de la máquina, hasta que vino un guardia y me dijo "Zeñorita, esh que no ha zacado el boleto eh, joder!". La otra cosa es que el tren llega de derecha a izquierda y no de izquierda a derecha como lo esperamos en Santiago. Onda que estuve todo el rato mirando hacia mi izquierda y el tren pasó rajado desde mi derecha y me despeinó toda. Y cuando te quieres subir, hay que apretarle un botón a la puerta para que se abra, porque de lo contrario, permanece cerrada. Estos europeos subdesarrollados…

1 comentario:

fabiola dijo...

Magda: me parece muty gracioso lo que cuentas, debo decirte que me rei a carcajadas con lo de la moneda mapuche. Los imagino tecleando en ese computador con ranura y la ilusión con que sacaron cada moneda via pinzas. Eres una surviver.

cariños

fabiola.